"EL CASO STOKKE" - (Evolución del pensamiento atánico)

......................... 2007: "EL CASO STOKKE"

  Allison Stokke - Belleza - Thomas Mann - Dolor - Deseo - Libertinos - Onanismo - Líbido - Empatía - Estallido - Estadio - Fenómeno - Imagen - Sade


ALLISON STOKKE


















Pasé todo el día de ayer perturbado por el soufflé de Allison Stokke. Confuso, porque se trata de un fenómeno-madeja donde se enhebran múltiples y heterogéneas hebras. Esta mañana me sigo viendo incapaz de analizarlo con claridad, por más que tiro de los hilos.

El hilo de la belleza. Si lo estiramos lo suficiente este hilo conduce al dolor, como bien advirtió Thomas Mann. La tragedia de ser tan guapa, objeto de tanto deseo. No me toquen, tampoco me miren, no me deseen siquiera. Si a esta interpretación redujéramos la cuestión apenas distinguiríamos por sus efectos a la belleza de una tara monstruosa. Ambas son máscaras deslumbrantes que captan la atención del público y a la vez encubren. Como un eclipse. ¿Es la bella dueña de su belleza, ese regalo de la naturaleza que irradia sin control? ¿No se han apropiado de su belleza quienes la miran? No somos dueños del deseo o el rechazo que despertamos en los demás.

El hilo de la juventud. En el filo de los dieciocho años. Una niña en cuerpo de mujer que ha dejado de ser niña por la sanción formal de la mayoría de edad. La tranquilizadora casilla de la legalidad en el margen del tablero. Hace pocos meses la circulación de estas fotografías hubieran alertado a los cazadores de libertinos. No, como tantas otras veces, por ellas mismas. Sino por lo que de inoportuno proyectaría sobre ellas (de nuevo) la mirada de los deseantes. Pero cruzando el desfiladero dejamos atrás a los libertinos para hallar sólo una conjura improvisada de onanistas. No se ha transgredido ninguna ley. ¿Se ha vulnerado algún derecho? Pues no sé. Cuál.

El hilo de la voracidad. La pulsión incontenible y depredadora del sexo. Comprendemos pero no atendemos. La chica está asustada —dicen— porque se ve sobrepasada. Pero el estallido mediático es imparable. El susto y la inocencia, de haberla, no detienen a la fiera que anida en nuestro interior. Miro sus fotografías. Vuelvo a mirar sus fotografías, otra vez. Y junto a mí, millones de personas. Y mañana, más millones. La líbido es un rodillo que aplasta a la empatía.

ALLISON STOKKE


















El hilo de la vanidad. Ahora todo el mundo la mira. Ella quiere que miren sus saltos con pértiga, no a ella. La pértiga, por favor, la pértiga. Pero es a ella a quien miran, inevitablemente. La pértiga interesa a unos pocos, pero la belleza interesa a casi todos. Y ahora casi todos saben que existe, y la miran. ¿Antes no la miraban? ¿Qué ha cambiado? Quizá su percepción del efecto que provoca en los demás. Ha descubierto que no pasa desapercibida, que malinterpretó muchas de las miradas anteriores. Al estadio no acudían sólo forofos del atletismo. Primero llegó la belleza, y el tsunami de la fama ha llegado después. Aún así ella es una entre incontables. Todos los medios visuales están henchidos de jóvenes doncellas, guapas y anónimas. Igual que ella. Pero le ha tocado el boleto. Internet a veces es una lotería cruel.

El hilo de los fantasmas. Su padre está preocupado. Quizás han acordado que también ella debe estarlo. Pero basan su preocupación en la cantidad, que aquí es casi irrelevante. ¿El número de vistazos? Ahora la han visto más. La verían igualmente muchos a lo largo de su vida, sin mediación electrónica alguna. De cerca, en la calle, en el instituto, en el estadio. Lo fundamental es la calidad del fenómeno. Los ojos al otro lado de las pantallas no la ven a ella, sólo ven su calco. No se da aquí una interacción entre personas, entre ella y los espectadores. Lo que se da es una dialéctica fantasmal: el comentario más citado en los medios —"Ojalá su vida se vaya al carajo por una lesión y termine haciendo cine porno”— ejemplifica la claudicación del masturbador en la sociedad de los mirones. El deseo no la reclama a ella, su fisicidad. Reclama su imagen, que reproducimos, intercambiamos y fagocitamos. La masturbación se nutre de imágenes y no necesita de otra cosa, sólo de más imágenes. No se ha sumado un peligro nuevo a los peligros inherentes en la vida de una chica atractiva. El canibalismo no se ejerce sobre ella, sino sobre su fantasma.

El problema no es que la miren. Eso lo debería tener asumido. Lo que en verdad la ha turbado ha sido conocer de repente y de sopetón una verdad despiadada y volátil, lo que muy pocos se atreven a decirle a la cara: qué le desea el mundo.

Concluyo con Sade: “Y vosotros, los que llorasteis ante los infortunios de la virtud y compadecisteis a la desdichada Justina, disculpando las tintas, quizá un poco demasiado cargadas, que nos hemos visto obligados a emplear, ¡ojalá saquéis al menos de esta historia el mismo fruto que la señora de Lorsange!... ¡Quiera Dios que os convenzáis con ella de que la verdadera felicidad radica exclusivamente en el seno de la virtud y de que si, con intenciones que no nos corresponde averiguar, Él permite su persecución en la tierra, es para resarcirla con las más halagüeñas recompensas en el Cielo!”

Carlos Atanes

Madrid, mayo 2007

 
 
 
 
 
 
 
       
   
       
 
Carlos Atanes (n. 1971) es un cineasta y dramaturgo español. Su peculiar obra, distópica, extraña, esotérica y a menudo polémica y perturbadora transcurre por los senderos de lo onírico y lo fantástico, y en ocasiones también por la ciencia-ficción. Ha escrito, entre otros, el libro Los Trabajos del Director acerca de la dirección de cine (muy) independiente. Hasta el momento ha estrenado dos obras de teatro, La Cobra en la Cesta de Mimbre (Madrid, 2011) y El Hombre de la Pistola de Nata (Madrid, 2011-2012). Sus películas más reconocidas son la antología de cortos Codex Atanicus (1995-1999)
y los largometrajes FAQ: Frequently Asked Questions (2004), PROXIMA (2007) y Maximum Shame (2010), todas ellas disponibles en DVD.
     
   
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