Carta al alcalde de Barcelona

 

Barce

Barcelona, 2 de junio de 1998

 

Sr. Joan Clos

Alcalde de Barcelona

Mire, señor Alcalde, con todos los respetos, ustedes están dejando de hacer cosas de mucha importancia en esta ciudad. Yo le diré cuáles son, porque estoy convencido de que su equipo de gobierno y más probablemente sus asesores técnicos han perdido de vista el bosque, y no me estoy refiriendo al de Collserola, porque hablo en lenguaje figurado. Son dos los puntos básicos que quiero tratar aquí:

A- Hace décadas que oímos hablar acerca de vivir de cara al mar y todavía no lo han llevado a cabo con un mínimo de reigor. Yo propongo, ya de entrada, una solución definitiva: las aguas jurisdiccionales del municipio de Barcelona se extienden como mínimo unos centenares de metros más allá de la playa. Oiga, los delfines no estarán empadronados, pero también podemos considerarlos nuestros conciudadanos. Dejen los políticos de enfocar toda su actuación a sus potenciales votantes y abran de una vez Barcelona al mar. Un tubo de un par de kilómetros de largo y un par de metros de ancho no es una obra de ingeniería comparable al túnel del Canal de la Mancha, pero traerá prestigio internacional a nuestra ciudad como modelo de convivencia, ya no intercultural ni interétnica, sino intermamífera. Hagan instalar al final del tubo dos o tres grandes peceras dentro del pleno del ayuntamiento y hagan partícipes a los delfines barceloneses de nuestra vida política.

B- Las grandes intervenciones urbanísticas y de infraestructuras no han de ser solo útiles, tienen que parecerlo. El ciudadano de a pie no es consciente de la magnitud de algunas de sus obras fundamentales. Esto no puede quedar así, porque los ciudadanos han de aprender a querer a nuestra ciudad y también a nuestros políticos, quienes tantas horas y esfuerzos dedican. Mi ambicioso plan solucionará esta cuestión de raíz y no se volverá a hablar de ella. Es un poco más caro que el anterior referido a los delfines pero nos llenará a todos de un inmenso alborozo. Sr. Clos, ponga atención: se trata de levantar el pavimento de todas las líneas de metro de la ciudad y sustituírlo por planchas alargadas de metacrilato transparente de medio metro de grosor, de tal forma que los ciudadanos puedan ver desde la calle el trayecto del metro debajo de sus pies. ¡Cuántos padres no llevarán a sus hijos cogidos de la manita a ver cómo los trenes metropolitanos corren arriba y abajo, una vez los túneles hayan sido debidamente iluminados por la noche, naturalmente! Medítelo en serio. En una frase posterior se podría realizar la misma operación con el suelo donde reposan las vías del metro. Así también disfrutaríamos de la visión del agua del alcantarillado. Es imprescindible, obviamente, hacer también transparentes los techos de los vagones. Piense en el ahorro en iluminación interna de la red de metro que conseguiremos gracias a la luz diurna.

Reflexione sin prejuicios sobre estas dos propuestas que, de ser tomadas en consideración, seguro que proporcionarán a nuestra ciudad la proyección internacional y espiritual que merece.

Esperando su respuesta,

atentamente.

 

© Carlos Atanes

Barcelona, junio de 1998

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