Jess Franco en los cines Golem

 

 

Qué mejor forma de celebrar mi cumpleaños que acudiendo en su víspera a un evento jessfranquiano. Ayer se homenajeó al maestro en los cines Golem: se proyectaron tres películas (Las vampiras, Vampire Junction y Snakewoman) y se celebró un grato y enjundioso coloquio con él y sus actores cómplices Lina Romay y Antonio Mayans. Moviendo los hilos de la función se hallaba el travieso juntaletras José Manuel Serrano Cueto.

La intervención de Jess Franco se centró en los coños, un asunto que disfruta filmando. Los coños de las mujeres en general y de las vampiras en particular. En Snakewoman ocupan la mitad del metraje. Este hombre, un adalid de la libertad cinematográfica, lleva toda la vida, y aún lo hace sin descanso, filmando lo que más le viene en gana en cada momento. Esto es un ejemplo a emular: filma aquello con lo que disfrutes filmando. Si después además gusta a otros, pues mejor. Si te gusta a ti seguro que le gustará a alguien. Y si no gusta... Si no gusta pues nada. Pero nada de nada. Cada quien a lo suyo. La actitud vital de este hombre y su visión del cine son, por lo menos para mí, altamente estimulantes y me siento muy identificado con ellas. De hecho, tengo por ahí un libro escrito que da fe de algunas coincidencias sorprendentemente afines en cuanto a la defensa de ciertos desprejuicios (el cine digital, por ejemplo, del que Franco es un pionero español). Y también, voy a echarme una florecilla porque es mi cumpleaños, en su asertividad contagiosa (no es que lo diga yo, es que me lo han dicho los que lo han leído, que ya van siendo algunos y que a partir de hoy serán más, porque una forma excelente de felicitarme los 36 años es leyéndolo).

En fin, le agradezco mucho a Serrano Cueto el regalo que ha supuesto conocer personalmente a la actriz Lina Romay y a un cineasta, Jess Franco, que no sólo  no tiene pelos en la lengua, no sólo es un hombre lúcido y divertido, no sólo es una leyenda viviente (sobre todo fuera de España, claro, para variar) y no sólo está dotado de ese poder de fascinación que posee quien puede deleitarnos durante horas con anécdotas personales referidas a Orson Welles, Luis Buñuel y Klaus Kinski, sino que, por encima de todo, es un ejemplo de honestidad cinematográfica. Una vez más, insisto, lo importante lo está en el gusto. El gusto está en lo importante.

 

 

© Carlos Atanes

Madrid, noviembre de 2007

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